El vehículo eléctrico como tecnología de futuro

La actual Crisis del Covid 19 nos hace replantearnos las tendencias en auge a lo largo de los últimos años en todos los ámbitos de la economía e incluso de la sociedad, el ejemplo más claro son las filosofías de optimización de gasto basadas en la inexistencia de almacenes (Kaizen, filosofía Just in time...), que se descubren muy peligrosas ante cualquier problema en el suministro, como ha sido la dificultad de importación de piezas y maquinaria desde el lejano oriente; otra gran modificación es el teletrabajo, que ha demostrado que es como mínimo tan eficiente como el presencialismo, o probablemente más.

En donde consideramos que no hay grandes cambios es en el vehículo eléctrico como tecnología de futuro. Los objetivos de reducción de emisiones de Gases de Efecto Invernadero y la gran contaminación de las grandes ciudades apuestas por este tipo de tecnología no contaminante, y la crisis del Covid 19 no supone ningún tipo de modificación de esta tendencia. El vehículo eléctrico es una opción válida para minimizar el impacto ambiental en las ciudades y reducir el consumo de carburantes; además tiene como ventaja operativa un número de averías muy reducido, por tratarse de un motor eléctrico, en vez de un motor de explosión. Evidentemente tiene algunos inconvenientes frente al vehículo tradicional como son un precio, una débil infraestructura de carga o una autonomía de los vehículos menor.

Los esfuerzos en I+D+i en este ámbito a lo largo de los últimos años han sido muy elevados, y en principio la tendencia se mantendrá durante la próxima década. Esto supone que los inconvenientes antes citados serán cada vez menos, y la convergencia con el vehículo convencional probablemente llegará en menos de una década.

Artículo escrito por Fernando Blanco Silva, ingeniero industrial y economista, para la edición digital de Dínamo Técnica.

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