La energía en España

En la nueva economía global, la energía se ha convertido en un elemento estratégico para el desarrollo social y económico de toda nación. Son múltiples los factores que intervienen en la configuración del sistema energético de un país, como puede ser la disponibilidad de recursos (ya sean fósiles o renovables), el nivel de dependencia energética, la capacidad de transformación de fuentes de energía primaria...
Las características del mismo repercuten de forma directa en la calidad de vida de sus ciudadanos, en la competitividad de sus empresas y en gran medida, en la sostenibilidad ambiental de la nación al ser uno de los pilares básicos que mantienen el denominado “Estado del bienestar”.

Antes de todo es necesario comentar que en estos momentos la Unión Europea se enfrenta a grandes desafíos en el ámbito energético, debido a la creciente dependencia energética de la energía primaria, la reducción de emisiones de gases efecto invernadero e introducción de energías renovables en 2020, la necesidad de realizar fuertes inversiones en el sector, etc., lo que ha hecho que la energía se encuentre entre los principales puntos en la agenda política y empresarial actual. En el caso español, los motivos de preocupación son inclusive mayores debido al elevado peso del petróleo en el consumo energético, la elevada dependencia energética y una intensidad energética superior a la media de la Unión.

Se hace necesario darse cuenta de que el progreso de nuestra sociedad, y de nuestras empresas en particular, necesita un suministro energético garantizado, de calidad, a precios competitivos y sostenibles, por lo que a nivel europeo, resulta trascendental el incremento de interconexiones e infraestructuras de almacenamiento gasista, así como interconexiones eléctricas, especialmente con Francia, ya que tal incremento resulta una pieza clave en el camino hacia un auténtico mercado único de la energía en Europa. Junto a esto cabe destacar la importancia de estas infraestructuras en la integración de las energías renovables. Para España la importancia de las interconexiones es aún mayor, al ser pieza esencial para el desarrollo de un sistema eléctrico adecuado que garantice las necesidades de suministro, en términos de cantidad y calidad presentes y futuras.

Por otro lado, el cumplimiento de los objetivos establecidos requiere de fuertes inversiones, lo que implica que la puesta en marcha de las mismas precisa de un marco regulatorio nacional y europeo estable, transparente, predecible y coherente, siendo esencial mantener el liderazgo alcanzado por las empresas españolas en el ámbito de las energías renovables a nivel internacional, pero para mantener dicho liderazgo, se deben acometer importantes inversiones en el área de I+D para que las mismas lleguen a ser competitivas sin necesidad de recurrir a subvenciones. Mencionar como ejemplo el mar, ya que parece esconder la llave de la revolución energética en marcha, lo que hace imprescindible trabajar anticipando el futuro apostando fuertemente por proyectos de infraestructura no convencional de energía renovable de sistemas que aprovechen el movimiento incesante del mar.

Es esencial resaltar la urgente necesidad de establecer nuevos y claros programas de eficiencia y ahorro energético, ya que significa contribuir con un consumo más racional eficiente y sostenible ya que no hay energía más barata que la que no es necesaria gastar.

También se hace imprescindible seguir contando con la energía nuclear en nuestro mix energético en línea con la UE, tanto por razones de coste (costes de operación bajo), garantía de calidad y suministro (debido a que las reservas de uranio se encuentran repartidas por diferentes países del mundo), como de evitación de emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera (es una fuente libre de emisiones de CO2). En este sentido, deberán renovarse todas las concesiones administrativas y los permisos para que sigan funcionando las plantas nucleares, a medida que tengan el visto bueno del Consejo de Seguridad Nuclear, para poder garantizar el abastecimiento y poder así reducir nuestra dependencia energética, ocupando un lugar insustituible en nuestro sistema eléctrico.

En definitiva, es preciso avanzar hacia el desarrollo de una política energética exterior común que permita a Europa hablar con una sola voz ante los grandes suministradores. Asimismo, en España debe incrementar su grado de autoabastecimiento, para conseguir así reducir la elevada dependencia de la importación de productos energéticos, planificando un mix eléctrico equilibrado y sostenible a medio y largo plazo, incentivar el ahorro y la eficiencia energética, así como la garantía de suministro reforzando la cooperación en materia energética con los países de América Latina. Por último queda comentar la importancia que tiene para España participar activamente en la definición y formulación de la nueva política energética exterior de la UE, aportando propuestas constructivas pero firmes que permitan conciliar la emergente definición de las preferencias europeas con las necesidades del sector energético español.

Artículo publicado en el Nº17 de Dínamo Técnica.

Autor: Juan Manuel López Labrada, ingeniero industrial. Vocal primero de la Comisión de Industria y Energía de la CEOE